RESUMEN

Para aquellos que no deseen leer mucho, comentaré de forma breve los principales rasgos que caracterizan lo que soy y justifican lo que hago.

  • Apasionado de la tecnología, el desarrollo de software, los videojuegos, la música y el cine. Cualquier tipo de arte y creación capaces de evocar sensaciones agradables en la gente:  utilidad, confianza, tranquilidad, fascinación, diversión, hacer volar la imaginación y los sueños.
  • Entusiasta de la calidad, la eficiencia, el diseño y la estética, apreciándolo especialmente en las producciones tanto de ingeniería como de arte.
  • Curioso, de mente inquieta, con una fuerte empatía y altruismo, coherente y fiel a mis principios, intereses y compromisos.
  • Aficionado del motor, de la conducción, del deporte y practicante de fitness.
  • Un videojuego: Half-Life 2. Un tema musical: Such is Life (Extended Version) de Rank 1 feat. Shanokee. Una película: Star Wars.

A FONDO

El resumen anterior presenta lo que yo digo que me define. Para ayudar a demostrarlo se hace necesaria una reflexionada y razonada explicación, la cual he procurado extender y complicar lo menos posible. Comprobaréis que quizá denote un toque novelesco. Disculpadme. Pues es mi tendencia inconsciente, sobre todo cuando escribo acerca de aquello que llevo dentro. Se agradecerán los comentarios constructivos para mejorarla :).

Siendo literalmente un niño, mi primer ordenador personal fue un Commodore Amiga 500. Por aquel entonces los PCs apenas se conocían. Al principio, como buen niño, sólo me atraía jugar a videojuegos, tal y como ya venía haciendo en las máquinas recreativas desde tiempos cuyos inicios no recuerdo. Y más aún con aquel revolucionario y nuevo aparato digital, con pantalla a todo color y con un sonido que no conocía rival. Pero enseguida comencé a notar una sensación de inquietud que no me dejaba satisfecho al completar cada juego que conseguía engancharme. Por supuesto los disfrutaba y dejaba volar mi imaginación, pero algo me faltaba. Poco a poco me fui dando cuenta de que la causa estaba en mi curiosidad innata por el funcionamiento de la tecnología.  Mientras jugaba pensaba frecuentemente en los detalles de cómo podrían hacerse esas cosas tan chulas y en, lo que con el tiempo resultó ser más importante, cómo podría yo hacerlas, mejorarlas o ampliarlas.

No llegó a un año, desde la adquisición de mi Amiga 500, el tiempo que tardé en investigar lo que más a mano tenía: el manual del lenguaje AmigaBASIC que se incluía como parte del disquete de Extras del sistema operativo Workbench 1.3. Sin ningún conocimiento de programación y gracias a que, sin ser consciente en aquel momento, ya poseía la paciencia, perseverancia y capacidad de aprendizaje necesarios, adquirí unos conocimientos de programación tales que conseguí crear un pequeño escenario funcional de un videojuego de coches visto en planta, para lo cual me inspiré en otro videojuego comercial al que ya había jugado, tanto en máquinas como en mi Amiga 500: “La espía que me amó”. Era el comienzo de una nueva etapa en mi vida. Era capaz de crear algo funcional con mis propias manos. El siguiente paso fue seguir probando y aprendiendo hasta que conseguí también crear una pequeña y sencilla aplicación de dibujo, inspirado esta vez por el software Deluxe Paint IV, el cual poseía demasiadas opciones a la vez que carecía de alguna que otra característica que yo implementé en mi programa. Mi hermana podría comentaros más sobre esta aplicación que creé, pues era ella la que disfrutaba usándola. Fue el observarla a ella disfrutando con aquel programita de dibujo hecho por mí lo que definitivamente, e inconscientemente, cimentó los pilares de la pasión que hasta día de hoy me ha movido.

El cine también ha dejado huella desde mis inicios. Cuando me topé con Star Wars aún era muy pronto para pensar que mucha de la tecnología que aparecía podía llegar a hacerse realmente en un futuro cercano, y yo muy pequeño como para plantearme por qué me gustaba tanto lo que veía. Fue Batman, allá por el 89, con su despliegue de gadgets y tecnología avanzada, y sobre todo Parque Jurásico en el 93, con su derroche de ciencia y repleto de sistemas electrónicos controlados por moderno y avanzado software informático, las primeras producciones del celuloide con las que comencé a sentir mis pasiones como tales. Me quedaba fascinado y anonadado viendo cómo un programa de ordenador conseguía hacer y automatizar tanta diversidad de operaciones útiles en los más variopintos ámbitos de los quehaceres humanos. Y quizá lo más importante: yo tenía un ordenador en casa para trastear y ver si podía llegar a hacer algo de todo aquello. Esto justifica por qué más tarde, tras unos cuantos años, no dudé en dejar de lado las asignaturas de electrónica en cuanto me surgió la oportunidad de participar como desarrollador informático a tiempo completo en un proyecto multidisciplinar para tres alumnos de ingeniería que combinaba software, electrónica y mecánica. Un proyecto que llevamos a cabo con éxito y que actualmente se encuentra implantado y funcionando en la empresa para la cual se creó, LACECAL.

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